Testimonios
Las clases de snowboard de mi hijo Martín H . durante estas 2–3 temporadas han sido una experiencia realmente sobresaliente. Desde el inicio, el instructor Eduardo Batarce demostró un nivel de profesionalismo, paciencia y compromiso que marcaron una diferencia clara en el progreso de Martín.
Lo más destacable ha sido la evolución constante: partió desde lo más básico y hoy se mueve con seguridad, control y confianza en distintas condiciones de nieve. Eduardo no solo se enfocó en la técnica, sino también en generar motivación, disciplina y gusto por el deporte, logrando que cada clase fuera entretenida y desafiante a la vez.
Además, la capacidad del instructor para adaptarse al ritmo de aprendizaje de Martín fue clave. Siempre atento a corregir detalles, reforzar lo aprendido y empujar un poco más allá cuando correspondía, pero sin perder el enfoque en la seguridad.
En resumen, han sido temporadas muy bien aprovechadas, con un avance evidente y una experiencia totalmente positiva. Sin duda, una excelente decisión haber tomado clases con Edu.
- Farid H.
Entrenar snowboard ha sido mucho más que aprender una disciplina deportiva; ha sido un proceso de conexión profunda conmigo misma y con la montaña. Desde el primer momento, estar en la nieve, sentir el frío, el silencio y la inmensidad del entorno, me hizo entender que la montaña no es solo un lugar donde se practica un deporte, sino un espacio vivo que merece respeto y conciencia.
A lo largo de este proceso, he aprendido a observar, a escuchar y a adaptarme. Cada bajada no es solo técnica, también es una experiencia emocional: hay miedo, libertad, concentración y una sensación constante de aprendizaje. La montaña te exige presencia, humildad y equilibrio, tanto físico como mental.
En este camino, la guía de Eduardo Batarce, “el Waro”, ha sido fundamental. Más que un profesor y entrenador, ha sido una persona que nos ha transmitido una forma de entender la montaña desde el respeto y la responsabilidad. Nos enseñó que no se trata solo de rendir o mejorar, sino de ser conscientes de dónde estamos, de cómo nos movemos y del impacto que generamos, tanto dentro como fuera de la montaña.
Gracias a esa enseñanza, hoy entiendo que el snowboard no termina cuando uno se saca la tabla. Es una forma de relacionarse con la naturaleza, de cuidarla y de llevar esa conciencia a la vida diaria. La montaña te transforma, y parte de ese cambio tiene que ver con aprender a valorar lo esencial, a respetar los tiempos y a convivir de manera más armónica con el entorno.
La experiencia de hacer snowboard ha sido, sin duda, una de las más significativas en mi desarrollo personal, porque me ha permitido crecer no solo como deportista, sino también como persona.
- Josefa P.
Diario del Club